Corría el siglo XVII en Holanda, con una situación económica boyante, cuando una plaga infectó los bulbos de tulipanes, haciendo que sus flores tomaran una belleza inusual. La gente empezó primero a coleccionarlos, después a invertir en ellos, y se llegó al absurdo de que ¡un solo bulbo valía más que un montón de casas! [vía
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