Su excelente conservación y la morfología que presentan estas huellas permiten atribuirlas a un lagarto y asignarlas al icnogénero Rhynchosauriodes, ampliamente distribuido por el Pérmico y Triásico, pero muy escaso en el Jurásico. De hecho, estos ejemplos asturianos representan su última aparición en el registro fósil global.
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