El Festival de Cine Pobre, en Gibara, es un relato que apenas comienza a contarse. La historia, con muchos capítulos por escribir, del cine hecho con talento, deseo y poco más. Otras historias, además de las cinematográficas y las del propio festival, se cuentan en la Villa Blanca por estos días. Son las fábulas de miles de jóvenes que persiguen la visualidad del celuloide o el digital -invisibles para los circuitos comerciales del mundo. Un voto al arte.
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