El caso más curioso fue el que afectó a una lencería que el sábado por la tarde, cuando su propietaria estaba sola, recibió la visita de un encapuchado «con una pistola tapada con un trapo de cocina» , que la amenazó con disparar si no le entregaba el dinero de la caja. Al gritar ella y decirle que era una trabajadora que no podía entregarle todo el dinero, el asaltante «muy nervioso» exclamó: «perdone, yo no soy un atracador, necesito 100 euros para pagar el piso»
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