Las altas temperaturas que azotan Europa este verano tienen un efecto devastador en las ciudades, donde el fenómeno conocido como isla de calor urbano multiplica sus consecuencias. La falta de zonas verdes, el uso masivo de hormigón y la densidad de tráfico elevan los termómetros y generan una crisis climática con fuertes implicaciones sociales, sanitarias y económicas.
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