La aplicación de este canon en el caso de las bibliotecas públicas españolas parece improcedente. Nuestra red de lectura pública es muy precaria (con honrosas excepciones con la de La Coruña y, en algunos casos, como el de Vigo, vergonzosamente deficitaria), tanto en número y calidad de las instalaciones, como en dotaciones bibliográficas y de personal especializado, alejándose todos esos indicadores de las medias europeas y de las aconsejadas por la UNESCO.
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