Los Albertos recuperan así parte del poder y la gloria que alcanzaron tras su matrimonio con las hermanas Koplowitz y su nombramiento en 1976 como consejeros delegados de Construcciones y Contratas, la antigua FCC. Y olvidan la pesadilla del caso Urbanor y la condena del Tribunal Supremo por los delitos de estafa y falsedad en documento mercantil de los terrenos en los que se construyeron las torres KIO.
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