Que hoy lo llame mierda pero también presidente nos confirma que, aunque la rabia y la frustración sigan ahí, el milagro de la aceptación se va abriendo paso.
Ocho años le ha costado. Ocho años desplegando un antídoto contra los mierdas que consiste en criminalizar a niños de piel oscura, negar la violencia contra mujeres maltratadas, difundir bulos contra minorías o ponerse del lado de Netanyahu mientras asesinaba niños por decenas de miles y amenazaba a España.