Silveria Alonso tiene 87 años. Es una mujer lúcida y muy menuda: pesa 35 kilos. Su figura se pierde entre las sábanas y la cama. Ha pasado los últimos ocho días, con sus noches, en las Urgencias del hospital público La Paz, de Madrid. Seis de ellos, en un pasillo junto a otros enfermos, con su máscara de oxígeno (padece una enfermedad pulmonar), sin poder levantarse. Y, como dice su hija Victoria en una de las tres reclamaciones que ha presentado, "sin merendar, porque en los pasillos ni siquiera les dan la merienda".