Concurso de microrrelatos de Menéame
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Romanticismo a 40 grados

Dicen que el musgo sienta bien a los recintos abandonados, y que los pintores, especialmente los románticos, adoran esas ruinas verdosas impregnadas de niebla.

Y con esa esperanza vine hoy a este recinto nuestro de los relatos, pero no hay musgo que resista los cuarenta grados, ni niebla, ni siquiera tema de la semana.

Poco romanticismo se ha pintado representando un solazo de parrilla, gente sudorosa, y perros con la lengua fuera. Imaginaos a Drácula, acojonado en lo más hondo de su tumba. Imaginaos a Frankenstein, huyendo al desierto de Argelia en vez de a las brumas y los hielos del Norte. Nada cuadra, nada encaja en esos escenarios de calor.

Salvo el Infierno, claro. Pero esa ya sería otra historia.

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La conversación

-¡No me chilles!

-¡Que no estoy chillando, sólo me estoy riendo! Porque hoy estás muy bonita……

-¿Lo dices en serio?- respondió arrobada. -Bueno, tú también estás muy guapo, ese pelo te queda muy bien.

-¿Te gusta? Me lo han puesto esta mañana, de una bufanda que había en el armario.

-Oye, pues ni tan mal, ese color rojo te favorece…

-Pues lo mismo que el jaspeado de tus ojos, te queda muy bien.

-Gracias, son de un abrigo antiguo, ya no se ven de éstos.

-Ni sin éstos, jajajaja.

-Qué tonto eres, jajajaja.

-¿Quieres venir a dar un paseo conmigo?

-¡Por supuesto! Pero habrá que pedírselo a ellos, ¿no?

-¡Pues claro, tonto! Chicos, ¿nos lleváis a dar un paseo?

-Por supuesto- dijeron tanto él como ella. Y se cogieron de la mano para irse a dar un paseo, mientras sus otras manos seguían con su conversación.

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Cuando el poder protesta contra los ciudadanos

-Dice que si no liberamos a su padre, se dejará morir, y si la liberamos se ahorcará.

-A su padre le va a encantar que lo llevemos a verla ahorcada. Dile que haremos eso. Que dejaremos su cadáver reseco una semana en su celda, para que lo disfrute.

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Así fue como Lina abandonó la huelga de hambre...

Porque el poder también puede protestar contra los ciudadanos. ¿O pensábais que no?

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La gran depuración

El palacio-fortaleza resistió dos días. Al tercero los desharrapados arrasaron los parterres, y tras reventar los portones, se aplicaron a la destrucción, convirtiendo siglos de refinamiento en guijarros irreconocibles. El herraje dorado de una cómoda sirvió para degollar al Archidux y su familia.

El Deoemperador supo días después que otros nobles de orgulloso linaje y altos palacios corrieron similar suerte.

— Divino Señor, la Corte se pregunta dónde están los soldados para defenderla de la turba de asesinos y agitadores. — dijo el chambelán.

— Eres un simple, Basilis. Qué mejores soldados que esos miserables. No nos han costado una moneda, apenas unos rumores retorcidos, y gracias a ellos hemos mandado al olvido a las sanguijuelas que algún día habrían deseado usurparme el trono.

El chambelán no entendía. El Deoemperador habló nuevamente:

— Ahora sí, que salgan los soldados y limpien de chusma las ciudades. Que no dejen ninguno vivo.