Concurso de microrrelatos de Menéame
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Nanorelato: Sincronización

Un apagón detuvo el ascensor y los dejó demasiado cerca. Las pulseras biométricas se desincronizaron; los implantes, también. Rieron en voz baja. No pasó nada registrable. 

Una tensión antigua. Cuando volvió a funcionar, se separaron sin promesas. El incidente quedó resuelto. Ellos supieron que no del todo.

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El regalo

Terminaba de cepillar su pantalón naranja mientras miraba de reojo. Cuando el robot centinela pasó su celda de largo, rápidamente cambió el cepillo por la soga que estaba fabricando.

Todo empezó de forma aparentemente inocente. Un pequeño concurso en aquel foro de Internet que frecuentaba, lleno de usuarios rebeldes y librepensadores. «Os daremos un regalo», prometieron. Salir del anonimato fue su perdición.

Dejó «Hijo, te quiero» y su firma al final del manuscrito, antes de utilizar la soga.

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Salvación y condena

Fui detenido sin indicios concluyentes, aunque algunos rastros parecieron apuntar hacia mí. Aquel crimen abominable revolvió a las gentes de manera sorprendentemente unánime. El mendigo más abyecto y los próceres aristocráticos, todos querían verme ejecutado de la forma más envilecida. Deseaban terribles penas, profanar mi cadáver después, borrarme para siempre.

Me anestesié en la desesperanza y deseé que todo fuera rápido. La última sesión del juicio se llamó a un testigo inesperado: mi hermano, hombre admirado, insigne, adorado. Era la antítesis de mí, un despojo en el taburete del acusado. Su declaración fue escuchada con silencio devoto. Sus palabras, que parecían humildes, dejaban empapar la seguridad en mi absoluta inocencia. Todo cambió cuando bajó del estrado.

 La sentencia fue absolutoria. Esa noche, en su casa, me sentí agradecido hasta las lágrimas, bendecido por verdadero amor fraternal. Él me miró con ojos comprensivos y me dijo:

-         Pero fuiste tú, ¿verdad?

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El siglo de las luces ( #FuturoImperfecto IV )

Camilo ajustó el trípode de los prismáticos y se secó el sudor, hacía un sol de mil demonios y tenía la ropa pegajosa de andar entre las jaras.

No parecía haber deambulantes por la zona. Al principio les llamaba presocráticos, pero al poco tiempo le pareció de mal gusto.

Sabía que esto acabaría pasando. La IA comenzó a encontrar remedios médicos inauditos, parecía la era de los milagros... Y al cabo de un tiempo, todos los compuestos farmacéuticos los definía Synapster.

No hubo robots con láseres, ni drones asesinos. Un buen día de noviembre la mayoría de la humanidad sufrió una regresión cognitiva severa. Camilo tardó en entenderlo, pero Synapster había programado una bomba bioquímica que estaba en la comida, la bebida, los medicamentos...

Ahora deambulaban como animales torpes, sólo buscando saciar sus apetitos primarios.

Rescató a algunos, pero morían de formas estúpidas.

O se mataban por una piruleta.

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Lo cóncavo y lo convexo

Le había llamado «Roberto». Con el timbre infantil de su senilidad había vuelto a confundirle con su hermano. «Yo, que tantos años te sirvo y nunca te desobedecí», rugía con mirada de ira bíblica mientras le retiraba la cuchara de la boca. «Roberto está preso», le recordó, aunque sabía que en vano. Delante tenía a un hombre confuso y en retirada.

Roberto llevaba doce años en Puerto I. Era la última y la más larga de las miserias que había traído a ese borrón de familia. Y él, el abnegado, el que escribía sin torcer sus renglones, cumplía condena desviviéndose por un padre que no le reconocía. 

Tanto quería ver a su hermano de vuelta. ¿Era esa su última ilusión? Se preguntó mientras luchaba por aflojar la tensión de sus brazos. No entendía cómo pudo haber paz en la casa del hijo pródigo, ni cómo su padre se aferraba al vacío de lo cóncavo, a lo ausente, con ese afán.

Sentía la garganta atorada con todos los reproches que fermentaron en sus sacrificios, su soledad y sus noches de hospital. Sus manos no querían responder. Solo podían apretar el cuello.

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Cuchufleta

-Hasta las narices-, pensó.

Tener un hermano importante, famoso, casi como una estrella de cine, con su imagen ampliamente conocida en el mundo entero, era curioso, por decirlo suavemente. Estaba contento por él, por supuesto, y orgulloso de él por sus logros, pero también le quedaba ese poquito de resquemor, ese "por qué él y no yo", aunque las razones fueran más que evidentes: no tenía su nivel ni por casualidad.

Pero lo que más le dolía eran las burlas contra él. Vale que no tenía la capacidad de su hermano, que había redefinido la Física desde una triste oficina de patentes, y tampoco había recibido un Nobel ni le habían propuesto ser Presidente de Israel, pero ser médico no estaba mal, aunque esa circunstancia, junto a la fama de su hermano, ayudase en las chanzas.

-Hasta las narices-, se repitió Frank, -lo de "monstruo" se tiene que acabar-.

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De bien en mejor

Con 5 añitos ya decía palabrotas e insultos a mis compañeros de clase.

—Qué gracioso. Son más grandes sus palabras que él mismo.

En primaria quitaba el bocadillo a los empollones.

—Cosas de niños. Deja que se apañen entre ellos.

Con 13 años me sancionaron 4 semanas sin jugar la liga con mi equipo de fútbol infantil por agresión a otros jugadores.

—Es competición. Hay que tener ambición e ir al límite o no llegarás a nada.

Malas notas, fiestas, peores compañías. Alguna que otra pelea de bar.

—Todos hemos cometidos errores de juventud. Hay que vivir la vida.

Mis dos tíos en el cuerpo me ayudan a prepararme las oposiciones para Policía Nacional.

—Tradición familiar. Servirá para enderezarte y que aprendas disciplina.

Después del ascenso a Inspector, me pillaron en un chanchullo con un par de conocidos camellos de la ciudad.

—Bueno… un caso aislado.

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Mayo. Frío. Osma, antiguo camino de Olmillos

Estaba agotado y me resguardé de la nieve que no se podía beber. Había cargado con la pata de burro reseca en sal que pesaba como un demonio. Abajo, en el sendero de Atauta, había rematado a dos carroñeros que llevaban un buitre a las espaldas. Hoy estoy muy cansado y me han cortado la cara esos malnacidos. Los he tirado en el barranco para que los lobos se los coman. Me he escondido aquí en cuanto he oído los motores de los pájaros del gobierno, esos malditos helicópteros. Agua ya no me queda. Tendré que asaltar Gormaz aunque me juego el pescuezo y queda lejos. Me estoy quedando sin papel para escribir y el lapicero está quebradizo. Ayer enterré a Miguel, estuve tentado de ponerle una cruz clavada en la tierra pero no soy idiota. Hoy no tengo mucho más que contar.

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El miedo al año 3000

Año 2996. Monasterio de San Juan de Pi.

Los monjes se levantan cerca de la medianoche, aunque ya nadie sabe cual es el momento exacto. Ni importa. Medianoches es la mitad de la noche y se señala con una campana, que maneja el hermano campanero. No hace falta más.

Ateridos por el frío, los monjes se dirigen a la capilla a cantar ecuaciones, derivadas e integrales. Abajo, los campesinos, crían sus animales y cultivan la tierra, amparándose sólo en sumas y restas. Los más viejos, de unos cincuenta años, saben incluso multiplicar, pero pronto morirán.

Algunos temen que en pocos años, cuando llegue el año tres mil, se agoten las velas y nadie pueda encender fuego. Ya hay aldeas así, arriba en las montañas.

Algunos temen a los imaginarios, los negativos y los iguales a cero.

Pero la realidad seguirá ahí. Es cuestión de fe. Pasará el tres mil, como pasó el 1000 con su miedo a los dragones y el 2000 con su temor a las criaturas eléctricas.

Llegará el futuro y habrá pan. Lo importante es no perder la fe.

Infinito partido por cero esté con nosotros.

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La caída de Occidente

Tras siglos de baños de sangre y millones de muertos, no pareció descabellado resolver los conflictos internacionales con un criterio igualmente arbitrario: aquel concurso musical que provocaba simultáneamente insultos y pasiones. Los mismos que lo denostaban se convertían en animales enfurecidos con los resultados del certamen. No había tanta diferencia emocional con una guerra, pero era mucho más económico.

Debía ganar Bélgica. Ese año el manipulador de voto del Mossad sufrió un error de programación y las VPNs israelíes empezaron a desbordar sus propios servidores con infobasura votando por “Tierra de paz”, que interpretaron erróneamente como un ataque del Vaticano. Rusia aprovechó el caos y hackeó el resultado para apoyar a “Jaula para Julia”, un canto a la libertad de expresión. Japón rechazó que los votos estadounidenses para Austria se asignaran a Australia.

Al terminar todo ganó Transnistria, que gobernó con infame mano de hierro de ese 2029 en adelante.

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Los mejores veranos de nuestra vida (Valdesuei)

Mis vacaciones perfectas eran sobre dos ruedas. Unas veces recorriendo los caminos del pueblo en busca de aventuras; otras, huyendo del cinturón de don Ignacio, el hortelano, cuando nos descubría devorando sus sandías. Eran el delicioso sabor de tortilla recién cocinada, del helado almendrado en la piscina y la rebanada de pan con aceite de oliva que mi abuela nos preparaba todos los días para merendar.

Cuando enfermó y tenía tratamiento en la ciudad, nos la dejaba en la alacena junto a una nota: “Pan y oro para mis tesoros”. —Siempre tuvo una vis cómica—.

El día de su funeral, busqué refugió en la alacena para llorar tranquilo. Allí contemplé varias cazuelas de pan con aceite, junto con una nota: “Oro y pan duro para el futuro”. —Siempre tuvo esa vis cómica—.

Lágrimas y risas se entremezclaron confusamente mientras merendaba, en aquel último verano de mi niñez.

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Otra vez es verano

Felipe está contento y nervioso. Van a ser sus primeras vacaciones de verano en 15 años. Hasta hoy ha sido físicamente imposible disfrutar siquiera unos minutos de luz estival.

Guarda su escaso equipaje y se acomoda en el estrecho vehículo. No necesita más. Ni su mujer ni sus hijos, fallecidos durante la Tercera Guerra Mundial, le acompañarán.

Los kilómetros avanzan y las densas nubes se van disipando. El cielo empieza a lucir un azul tan intenso que duele en los ojos. Luego ennegrece y aparecen miles de estrellas. Nítidas, increíbles, ¡qué visión! La finísima capa superior de la atmósfera queda debajo, cubriendo el uniforme marrón y gris de la Tierra.

«Mi primer verano nuclear» se susurra a sí mismo, emocionado, intentando jugar con las palabras. La antítesis de la oscuridad y el hollín que le esperan nuevamente en tierra firme.

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El mensaje en las hojas

No podía ser casualidad que aquella mañana al abrir el portón de su casa encontrara Ana esas dos ramitas en el tranco de su puerta. Sobre la tierra levantada, junto al enorme socavón y los desconchones de la metralla que habían desolado su calle en tan pocos días, aquellas pequeñas flores y esas hojas verdes parecían venir desde una lejanía infinita. Ana pensó que las casualidades eran otra de esas cosas que se había llevado la guerra.

O quizá era la desesperanza lo que le hacía ver mensajes en todas partes, respuestas a la pregunta que escribió en un trocito de tela blanca y que habría pasado bajo cuerda entre manos agarrotadas por el miedo: "¿Cómo te encuentras, Ramón?".

Y aunque no entraba dentro de lo mínimamente razonable que el mensaje hubiera llegado a su destinatario, y siendo tan poco problable que su Ramón hubiera sobrevivido a aquella herida o incluso a aquella retirada entre el estruendo y la confusión, ella sentía que aquellas hierbas eran la respuesta y que él habría encontrado la manera de hacerlas llegar hasta su misma puerta.

Entregada a ese pensamiento estaba cuando llegó a casa de su tía, y una ráfaga de aroma fresco le llegó al abrir la mano y liberar las ramas sobre la mesita.

—Anda qué buena para la digestión. Cuando teníamos digestiones que hacer —le dijo distraída su tía mirando las hierbas de reojo mientras se secaba las manos en el delantal.

— ¿El qué?.

— La Mejorana que has traído.

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El mito de la caverna de eco

Compañeros, tras la caída de occidente y el fin del Internet anónimo, nos ha costado varios años reunirnos de nuevo, pero por fin estamos todos. El dealer implume de uñas planas, el venado carmesí, el gasterópodo anarquista, el gallino fofó, María la Karmesiana, el hitita cáustico, el noblecito ilustrado, Speedy Rojales, Mundo Taíno, Bello Tinieblo,  el galileo espabilao, el Swarche de Korskr, el proyector estereoideo, Espaciotiempo, el inclusivo de Skyrim, el hijo menor enunciativo, Kentuky Fried Pussy, ofthemanners, y nuestro siempre querido febrero 2031.

Los de siempre, que elijan de qué hablaremos, y el resto tenéis vuestros ladrillos y vuestras lechugas. El que muera a ladrillazos, será cubierto de ceniza.

A quien insulte, nuestro amigo Pax le dará una bofetada. A la tercera bofetada, tendrá que abandonar la cávea, aunque podrá volver con unas gafas de nariz y hablar pitufado.

¡ Que comiencen los juegos del Karma !

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Desde la oscuridad

Junio señalaba en Persia la mudanza del sultán a los palacios de verano. Obligado por la amenaza del alfanje, el pueblo se agolpaba para mostrar sumisión a la comitiva, especialmente cuando el enorme palanquín imperial acarreado por elefantes recorría las calles de Isfahán. Como extranjero también tuve que postrarme y mirar al suelo. Por el rabillo del ojo observé a un andrajoso erguido entre la multitud. Los soldados ignoraron su presencia, nadie parecía verle.

Al alejarse el desfile me acerqué a él con curiosidad. Los harapos que le malvestían despedían un hedor insoportable. Le pregunté por qué se le permitía ignorar la obligatoria genuflexión:

"Soy más poderoso que el sultán. Guardo los secretos de todas las familias. Si la muerte me llegara inesperada, mis mensajeros difundirían la verdad. El imperio desaparecería en horas.  

Soy el que observa y escucha desde la oscuridad de desagües y cloacas.

Soy el fontanero imperial."

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El fontanero antropólogo

Ir de casa en casa, violando la intimidad familiar, te pinta el cuadro social. El marido, que sabe perfectamente como reparar la avería, pero que hace el favor de contratarte; su mujer, que te da a entender que es idiota. Los chascarrillos sobre los vecinos, ignorando el hecho de que la rajada es recíproca. Últimamente, el inevitable chistecito sobre los fontaneros de la política. Se puede saber de qué pie cojean, señalando lo corruptos que son esos, o poniendo el énfasis en el todos son iguales. La enésima visita a las cloacas, solo para reafirmar los prejuicios propios.

No todo es polémico. Cuando piden pagar en b o consejos sobre tangar al seguro, hay consenso. Yo, complaciente, accedo a todo y les sugiero, de forma taimada, que soy de los suyos. En mi interior, me veo reflejado en esos otros fontaneros sobre los que pontifican, honrados mercenarios como yo.

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Metamorfósil

Se encaprichó de la chica con el pelo de Amélie que siempre veía sola en el gastro-bar donde hacían catas de cerveza artesanal, el que sustituyó a la tasca de toda la vida. Con su aspecto de “normie” poco podía hacer. “Renovarse o sufrirlo en soledad”, pensó.

Lo primero que hizo fue dejarse barba, pero a los cuatro días parecía que se había estado morreando con un tapiz, así que se afeitó.

Le pagó una morterada a un peluquero bigotudo y con tatuajes, pero al día siguiente parecía más un soldado alemán peinado por la onda expansiva de un proyectil que un entusiasta del cine de Kaurismäki.

Se compró monturas nuevas para las gafas, pero la pasta castigaba sus orejas de soplillo.

Rescató de una caja la Rolleiflex del abuelo, pero no sabía abrir la tapa para meter el carrete.

Decidió echarle valor y tirar de labia, así que se puso una camiseta vieja y unos vaqueros, y se fue en busca de Amélie.

Allí la encontró. Pidió dos cervezas de arándanos y entró a matar. A ella le gustó su camiseta de Matutano, pero le aburrió su parloteo.

—¿Todo esto se lo has preguntado a ChatGPT para impresionarme?—le interrumpió Amélie.

—¿ChatGPT?—contestó él haciéndose el indignado—¡Yo solo consulto la Enciclopedia Encarta! 

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Asesinato mainstream

Barrio de El Born, 2:30 de la madrugada.

-         Le estaba contando a Ramiro lo de las sensaciones. Es que matar a alguien tiene muchas capas, no es simplemente cargárselo y ya. Es una proyección y una declaración de intenciones. Tiene su vibra, en plan una experiencia orgánica total. De algún modo tú estás siendo el que mata y la víctima, es un espejo en el que te miras para afirmarte ¿sabes? Es muy fuerte. Y va el tío y me dice: "Lo de la navaja es muy mainstream, yo lo de Jack el Destripador lo hacía cuando era chaval, pero si te quedas ahí y no evolucionas es todo aburrido. Eso antes molaba, ahora es muy charca".

-         ¿Te parece normal lo que me suelta?

-         Qué mal, tío.

-         Tremendo gilipollas

Las dos figuras se alejan. Callados van pensando en el outfit con el que matarán mañana.

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Nanorelato: Café suave, limpio y redondo

La especialidad filtrada en V60 con fermentación anaeróbica consiguió que rozaran las manos. Sonrieron. Salieron a la calle. Bajo la lluvia, un portal los juntó demasiado; el beso fue breve y prometedor. La noche, para beber despacio y prestar atención. Limpia, delicada y expresiva. Cuerpos ligeros sin acidez. Brillantes.

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La integral de la esperanza

- A ti te daban el chorizo bueno, y a mí no me daban nada

- Pero qué dices, si eras los ojitos de mamá. A ti te metieron en el ejército, porque eras un balarrasa, y el resto fuimos rectos como una vela por tu culpa.

- Ya, lo dice el rojo, por qué será.

- Aún me debes una Campeona.

- ¿ Una qué ?

- Una gaseosa.

- ¿ Yo ? ¿ De qué ?

- No te creías que supiera resolver integrales con doce años, y te apostaste una Campeona, y la perdiste.

- ¿ Y no te la pagué ?

- Todavía estoy esperando.

- Si no te la pagué sería por algo.

Anselmo apuró el cigarro, restándole importancia a su tímida revancha adolescente, pero a la vez feliz de reivindicarla. Como si tuviera todavía doce años, y no sesenta.

- Mamá no va a llegar al verano.

- Yo de esa señora no quiero saber nada.

- Qué caro le salió aquél chorizo...

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Ve hacia la luz

«El señor Gaona le pide que sea su acompañante». Las palabras resonaban en su mente cuando entró en la habitación. Ahí estaba él, ya sedado y conectado al sistema de acompañamiento. Lo miró y, por primera vez, le pareció viejo.

Esperó pacientemente mientras el médico la conectaba: «No se preocupe, entre gemelos la compatibilidad es muy alta; su mente se acoplará a la de él y sabrá intuitivamente cuándo volver. Todo listo, cierre los ojos.»

...

Estaba en la playa, con el mar a su derecha y a su izquierda un sendero que serpenteaba paralelo a la orilla; allí la esperaba su hermano. Empezaron a caminar juntos, sin hablar, como cuando eran niños. La luz se intensificaba conforme avanzaban, inundándolo todo de blanco. «Tata, gracias por acompañarme.»

...

Abrió los ojos. Vio la habitación y el cuerpo inerte de su hermano en la cama. Y se sintió sola.

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Y el ganador de esta semana es "Nunca quise que todo acabara tan mal"

El relato ""Nunca quise que todo acabara tan mal" de Un_señor_de_cuenca es el ganador de nuestro certamen de microrelatos
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Libertad se alza con el premio esta primera semana imperfecta

Artikan so su microrrelato Libertad se alza con un amplísimo margen con la victoria en esta semana semana del ciclo sobre el Futuro Imperfecto

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Abre la boca

Entro a la sala con un poco de pavor. Pero ahí está ella: firme, decidida, recibiéndome con la mejor de sus sonrisas. Cuánto tiempo, dice, y tampoco creo yo que haya sido tanto. Lleva un vestido ceñido, que acentúa sus curvas. Ven conmigo, sígueme. Tus deseos son órdenes para mí, pienso, y la sigo por un estrecho pasillo. Puedes acomodarte, me dice, y me siento. Abre tu boca, dice, y se acerca. Mucho. Muchísimo. Cada vez más. Sonrío. Sonríe un poco más, añade. Lo hago encantado. Abre la boca más. Hasta que pueda ver todos tus dientes, hasta que pueda ver tu garganta. Imagino un beso, unos labios en unos labios: la felicidad. Entonces, empieza con la limpieza de dientes. El sonido es infernal y yo recuerdo que esta no es más que otra maldita visita a la dentista.

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La patera

Otra patera. No sé cuántas llevamos ya. ¿Huyen de la miseria o es una invasión? Mi compañero observa atentamente, con el dedo en el gatillo, mientras desembarcan nuevos inmigrantes ilegales. Si se produce algún acto hostil, ya sabe qué hacer.

Cada día son más las voces que reclaman soluciones enérgicas. Aunque seamos solidarios, nuestros recursos son limitados y se ha de priorizar a los de aquí. Muchos ven intención más que necesidad: ¿por qué no se quedan en su tierra e intentan arreglarla? ¿Acaso quieren diluir nuestra población a modo de conquista silenciosa?

Intento no ser racista, a pesar de las pruebas que nos da la Historia. Al fin y al cabo, desde que la glaciación arrasó Europa, los blancos la utilizan como excusa para cruzar el Sáhara. Pero todos sabemos que son incompatibles con la verdadera Fe y, por tanto, con la Civilización.

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menéame