El precio spot, que llegó a superar los 100 dólares, sufrió un revés por la escalada geopolítica, estabilizándose posteriormente en torno a los 84 dólares por libra. Sin embargo, detrás de esta volatilidad se esconde un problema de fondo: la oferta global lucha por seguir el ritmo de una demanda impulsada por la inteligencia artificial y los centros de datos, que requieren energía de carga base limpia y fiable.
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