Es casi seguro que los humanos más primitivos caminaban erguidos sobre dos piernas, pero se hubieran tenido que esforzar mucho para correr incluso a la mitad de la velocidad del hombre moderno. Un nuevo estudio de la Universidad de Manchester muestra que si los humanos primitivos carecían del tendón de Aquiles tal como lo conocemos hoy, entonces su capacidad para correr se podría haber visto comprometida severamente. Lo que falta por descubrir al respecto es cuándo, en el transcurso de nuestra evolución, desarrollamos el tendón de Aquiles.
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