Las vallas colocadas desde primera hora, el asfalto todavía húmedo de la noche, los papeles plastificados anunciando el vado especial y una calle que, aun dormida, parecía saber que algo estaba a punto de suceder. La grúa tenía permiso, horario y objetivo. La calle Ramón de Castro, estrecha y protegida, esperaba la llegada de una maquinaria de grandes dimensiones que debía ocuparla durante horas. Y el barrio, esta vez, no miraba hacia otro lado.
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Tremenda la estafa, hay que difundir cambio climático en redes para sacar a los guiris y turistas, la reconquista de España!