Mientras el sonriente ministro justificaba la censura de un párrafo de la fallida declaración en que se mencionaba la represión contra los homosexuales en los países islámicos por las presuntas reticencias de Austria y Polonia –ninguno de los dos expresó reserva alguna– y la alcaldesa de Córdoba, la simpar Rosa Aguilar, se sumaba impertérrita a la legitimación del asesinato masivo de mujeres en el Islam (será que, como allí no hay lesbianas, que dice Ahmadineyad, a ella le importa un bledo)...
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