En el Oriente Medio rico en energía, solo dos países han dejado de subordinarse a las exigencias fundamentales de Washington: Irán y Siria. Y como cabría esperar, los dos son enemigos; Irán, por mucho, el más importante. Como fue norma en la Guerra Fría, el recurso a la violencia se justifica regularmente como una reacción a la maligna influencia del enemigo principal, a menudo con el más cinematográfico de los pretextos. No resulta sorprendente que, a medida que Bush envía más tropas a Irak, sale a superficie la interferencia de Irán en los as
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