El auge de los ultraprocesados en España ha dejado de ser solo una anécdota. Se trata de un fenómeno estructural con implicaciones sanitarias, sociales y culturales que van más allá de la comida.
Lo pone como si fuera una novedad. Ahora por lo menos hay cierta concienciación sobre el perjuicio del azúcar y los ultraprocesados. Los que fuimos niños en los 90s crecimos desayunando cereales azucarados y merendando bollería industrial. Salvo en los muy gordos, nadie entendía que eso no era saludable.