La fotografía cándida fue siempre apreciada por los aficionados. Sus resultados se parecen a la vida real y muestran a las personas con gestos naturales y no con el rictus fotográfico. Pero a medida que la fotografía se popularizó, sorprender a alguien se volvió más difícil. Un reflejo de tensión aparece siempre que alguien merodea con una cámara. Hasta los niños parecen entrenados para posar al ver una cámara o un teléfono
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