Los torturadores gozan de privilegios y trato preferencial en las prisiones. "Tiene cancha de tenis, piscina, televisor con DVD, móvil, balcón, ventana con vista al río y lo pueden visitar amigos cuando quiera. Usted tendrá llave para que pueda abrir y cerrar cuando quiera." No es un anuncio de un hotel. Eran los privilegios del represor Héctor Febres, que se ganó el apodo de Selva por su gusto para la tortura: "Era más bestia que todos los animales juntos". Al contrario que en las cárceles del país en las que los presos viven hacinados.
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