Hasta las galletas se acabaron y casi no hay agua en la embajada brasileña en Tegucigalpa, donde permanece refugiado el presidente depuesto Manuel Zelaya tras su retorno a Honduras, acompañado de 300 personas, entre ellos unos doce niños, que no han comido nada desde el lunes. Varias decenas de manifestantes lograron entrar a la embajada, lo que agudizó la escasez de alimentos y agua potable, cuyo suministro fue cortado supuestamente por órdenes del régimen de facto de Roberto Micheletti para forzar la salida de Zelaya.
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