Llegar tarde a la oficina es algo que le ha ocurrido prácticamente a todo trabajador en algún momento de su vida. Un despertador que se queda sin batería, un atasco inesperado, una distancia mal calculada o una cita médica que se retrasa más de lo previsto son imponderables que pueden complicar nuestra llegada al tajo. Sin embargo, 176 retrasos en 11 años parece más una tendencia natural a la demora que una casualidad puntual.
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