Con 58 años, bebo cada día media botella de Coñac. No sé cómo salir de esta mierda. Tengo una ayuda por incapacidad y por eso no tengo problemas económicos, pero me estoy matando.
Nadie lo sabe, ni mi mujer, lo hago a escondidas y piensa que bebo pero no tanto.
Llegué a esto a través de que la bebida se convirtió en estímulo. Me iba mal, bebía. Me empezó a ir bien, bebía más.
Una de la cosas peores es que puedo dejarlo sin problemas. Por eso, he estado a veces sin beber durante un mes de vacaciones, o 15 días porque me dolía el hígado. Pero siempre vuelvo.
Tengo un familiar médico que me contaba que los alcohólicos comienzan con síndrome de abstinencia a los dos días. A mí no me pasa.
Es peor. No sé que hacer cuando llegan las 18:00. Ver la tele no apetece. El móvil, tampoco. Hacer cosas, ya he hecho bastantes durante el día. O no, también tengo mucha vagancia.
Al final, acabo abriendo la botella y soplando media.
Sigo haciendo vida normal, cocino, le doy de cenar a mi familia y durante la cena hablamos de cosas.
Al día siguiente no me acuerdo de nada. Hoy mismo le he preguntado a mi hija si tenía entrenamiento, me ha respondido que sí y que ya se lo pregunté ayer. Y mi cerebro está tan deteriorado que no tengo ningún recuerdo de eso.
En navidades fue mi último periodo sin beber, estuve 9 días. Pero el 31 de diciembre volví a mi rutina.
En serio, necesito ayuda. He contado la mitad, porque no quiero explicar la pérdida de amigos, falta de líbido, etc etc.
Gracias por leerme.
Cinco viñetas históricas de 1898 sobre la guerra de Estados Unidos contra España.





El término "fachatroll" se ha popularizado en España para describir un tipo específico de usuario de redes sociales: aquellos que desde posiciones de extrema derecha emplean tácticas de trolling para polarizar, desinformar y hostilizar el debate público digital. Aunque el nombre es claramente partidista, el fenómeno que describe tiene características identificables que merecen análisis.
Estos usuarios suelen emplear estrategias reconocibles:
Desinformación coordinada. A menudo operan amplificando bulos o narrativas conspirativas sobre inmigración, feminismo, o políticas progresistas. La repetición masiva busca que la mentira parezca verdad por saturación.
Whataboutismo sistemático. Ante cualquier crítica a posiciones de derecha, desvían inmediatamente la conversación hacia supuestos problemas de la izquierda, evitando abordar el tema original.
Argumentos emocionales sobre racionales. Priorizan provocar indignación o miedo (especialmente sobre "amenazas" culturales o identitarias) por encima del debate fundamentado.
Vocabulario identitario. Uso recurrente de términos como "progre", "buenista", "feminazi", o "woke", que sirven más para descalificar que para argumentar.
Es importante contextualizar que el trolling político agresivo no es exclusivo de ninguna ideología. Existen también trolls de extrema izquierda, nacionalistas, o antipolíticos que emplean tácticas similares. Sin embargo, estudios recientes señalan que las redes de extrema derecha han sido particularmente efectivas en coordinar campañas de desinformación masiva, especialmente tras el éxito de estrategias similares en el Brexit o la elección de Trump.
La diferencia a menudo radica en la organización: muchos "fachatrolls" forman parte de ecosistemas coordinados que incluyen medios digitales, influencers, y grupos organizados que trabajan con narrativas compartidas y objetivos comunes.
Y por supuesto...la motivación es económica. Están financiados.
Su efectividad no viene de la calidad de sus argumentos, sino de su persistencia y capacidad para:
Responder o ignorar es el eterno dilema. Ignorarlos permite que controlen narrativas sin oposición. Responderles les da la atención que buscan y agota recursos. Quizás la clave está en no debatir con ellos directamente, sino en producir contenido de calidad que contrarreste sus narrativas para las audiencias que observan sin participar.
Más allá del término que usemos, el desafío real es cómo las democracias pueden preservar espacios de debate digital saludables frente a actores que no buscan dialogar sino dominar el espacio público mediante saturación, hostilidad y desinformación. Es un problema que requiere alfabetización digital, moderación efectiva de plataformas, y ciudadanos capaces de identificar estas tácticas cuando las encuentran.
Nota: Este artículo describe un fenómeno observable pero no pretende generalizar sobre todos los usuarios de derecha en internet. La mayoría de personas de cualquier ideología participan en debates de buena fe. El "trolling" tóxico es una minoría ruidosa, no una mayoría silenciosa
menéame