Con 58 años, bebo cada día media botella de Coñac. No sé cómo salir de esta mierda. Tengo una ayuda por incapacidad y por eso no tengo problemas económicos, pero me estoy matando.
Nadie lo sabe, ni mi mujer, lo hago a escondidas y piensa que bebo pero no tanto.
Llegué a esto a través de que la bebida se convirtió en estímulo. Me iba mal, bebía. Me empezó a ir bien, bebía más.
Una de la cosas peores es que puedo dejarlo sin problemas. Por eso, he estado a veces sin beber durante un mes de vacaciones, o 15 días porque me dolía el hígado. Pero siempre vuelvo.
Tengo un familiar médico que me contaba que los alcohólicos comienzan con síndrome de abstinencia a los dos días. A mí no me pasa.
Es peor. No sé que hacer cuando llegan las 18:00. Ver la tele no apetece. El móvil, tampoco. Hacer cosas, ya he hecho bastantes durante el día. O no, también tengo mucha vagancia.
Al final, acabo abriendo la botella y soplando media.
Sigo haciendo vida normal, cocino, le doy de cenar a mi familia y durante la cena hablamos de cosas.
Al día siguiente no me acuerdo de nada. Hoy mismo le he preguntado a mi hija si tenía entrenamiento, me ha respondido que sí y que ya se lo pregunté ayer. Y mi cerebro está tan deteriorado que no tengo ningún recuerdo de eso.
En navidades fue mi último periodo sin beber, estuve 9 días. Pero el 31 de diciembre volví a mi rutina.
En serio, necesito ayuda. He contado la mitad, porque no quiero explicar la pérdida de amigos, falta de líbido, etc etc.
Gracias por leerme.
Habré escrito sobre esto como una docena de veces, la primera allá por el 2006, haciendo un recorrido por las veces que los actos en el mar han tenido importantes consecuencias, siempre negativas. Creo que no es el momento de aburruiros con el tema, pero no está de más recordar que los americanos llevan varias jugadas de ese tipo paras entras en guerras, empezando por la del Maine, que los ayudó a despojar a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
El tema central es que es imposible, pero materialmente imposible, mantener un Imperio sin el dominio del mar, y quien tiene su control determina el comercio y la circulación de los recursos. La globalización depende absolutamente del comercio marítimo, y hasta ahora se ha hecho un énfasis absoluto en la seguridad de los mares.
Cuando la superpotencia dominante decide romper las reglas en el mar, rompiendo la regla de oro de la seguridad en aguas internacionales, no se trata de un incidente cualquiera, sino de la posible ruptura del juego al completo, por las consecuencias en cascada que puede tener esta transgresión.
No se trata de que capturen un barco aquí o allá: se trata de que todos los barcos, absolutamente todos, pueden ver incrementadas sus pólizas de seguro, con lo que esto supone para el transporte marítimo, la circulación de recursos y el comercio mundial, basado en el "just in time", con bajo coste de almacenamiento y recursos distribuidos.
Acabe como acabe como acabe esta fase de la aventura trumpiana, basta con el temor a que el tema se descontrole para retraer las inversiones y encoger el volumen del comercio global. El dominio del mar es el verdadero poder del Imperio, y hasta ahora, los Estados Unidos no lo habán ejercido de manera coercitiva. Si esto cambia, absolutamente todo cambiará. Hay que recofger el tablero y desplegar otro.
No hablamos de cualquier cosa.
Cinco viñetas históricas de 1898 sobre la guerra de Estados Unidos contra España.




menéame