Hubo un tiempo en que la huelga implicaba sacrificio. El trabajador perdía salario, asumía riesgos y se enfrentaba a la empresa porque creía defender sus derechos. Era una herramienta de presión real. Costosa. Incómoda. Coherernte. Pero llegó el sindicalismo profesionalizado subvencionado y con él apareció una figura casi mágica: el "sindicalista" vividor que acude a la huelga, la promueve, anima a otros trabajadores a secundar la huelga, participa e incluso organiza los piquetes, ataca a los esquiroles (...)
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Con independecia de las siglas por que hay de todo en todos .. los hay que vienen con un poco de conciencia y se molestan en trabajar por el resto y los hay que vienen por evitar que los echen y los peores de todos ... los que vienen a apalancarse (de los que yo conozco son los menos, por suerte)
Y esto lo vas a encontrar en todas partes.
Como curiosidad, yo soy delegado por CGT en mi empresa, tenemos mayoría en el comité, y cuando hacemos huelga lo que proponemos es que la gente asignada a servicios mínimos (que no puede hacer huelga), haga aportaciones voluntarias para los que si hacen huelga, y lo organizamos por departamentos.