El sarcófago fue descubierto en 1877, pero no se había analizado en profundidad hasta ahora. Su principal peculiaridad radicaba en el uso de yeso líquido hace más de 2.000 años, un material que permitió conservar detalles anatómicos y materiales orgánicos que suelen desaparecer con el paso del tiempo. Según los investigadores, el yeso actuó como un sello protector del sarcófago, capturando la forma exacta del cuerpo y sus vestiduras.
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