Tal fue el impacto de su pérdida que hasta el mismísimo Goya pintó esta tragedia. Hoy no queda ni rastro de él, pero hubo un tiempo en el que la capital aragonesa pudo presumir de contar con un teatro prácticamente único en el mundo (...) fue un singular edificio por el que Zaragoza destacó entre las capitales peninsulares, pues fue el primer teatro cubierto de España y uno de los primeros de Europa (...) tristemente tuvo una corta duración. El 12 de noviembre de 1778, un incendio de grandes dimensiones redujo el inmueble a cenizas
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