Vivimos en una especie de estado de excepción permanente. El confortable Occidente despertó sobresaltado de la siesta en el sofá y apantallado en una psicogeografía del riesgo, un ‘tren de borrascas’ interminable, a Mayday por día. Y como vislumbró el poeta navegante Manuel Antonio, que tanto supo de temporales, el horizonte está enfermo y el faro agotando su stock de S.O.S.
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