Mariano Sanz Badía nunca se propuso ser pionero, pero buena parte de la industria contemporánea terminó recorriendo caminos que él ya había abierto. Cuando la electrónica de potencia aún no figuraba en los planes de estudio y la inducción parecía una extravagancia técnica, este ingeniero de origen cántabro y adopción aragonesa trabajaba ya sobre soluciones reales. Un pionero en el sentido más amplio. El Colegio de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja lo ha distinguido recientemente con su máximo reconocimiento institucional, el Diploma
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