La mayor empresa del sector envió 240 cadáveres a Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia el año pasado. Algunos consulados aseguran estar desbordados mientras nuevas empresas aterrizan en España. Hay casos –los más habituales– en los que el inmigrante vive solo, lejos de casa, y cuando le llega la muerte la familia hace lo posible y lo imposible para enterrarlo en su pueblo, con todos los ritos, como Dios manda.
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