Parece inverosímil, pero está ocurriendo. Las estafas de falsos policías cuestan 627 millones de dólares en Japón «un delito que utiliza hábilmente la impaciencia y la ansiedad de la víctima para hacerla caer en un estado similar al control mental» dice la policía. Mediante videollamadas, los delincuentes exhiben placas falsas y aseguran que «es una investigación ultrasecreta, no debe consultar con su entorno». Una mujer mayor rechazó a los verdaderos agentes, gritándoles: «No estoy siendo engañada» y «el del teléfono es un verdadero policía»
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Un tipo se hace pasar por policía y obliga a un dependiente a desnudar empleadas y abusar de ellas.
No recuerdo como se llamaba pero se hizo una película.
Un claro ejemplo de que es más fácil engañar a alguien, que convencerle de que ha sido engañado.