Al consumidor le gusta que el salmón sea rojo, el pollo amarillo y los huevos, tirando a marrones. Pero lo cierto es que esta elección responde menos a la calidad de los productos que al acierto en su coloración. La cría en cautividad aleja a los animales del alimento que les aporta su tono natural, lo que fuerza a la industria alimentaria a intentar recuperarlo, para satisfacer a sus clientes.
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