Esa misma idea imperialista del español está presente en políticas como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La polémica presidenta decidió otorgarle un reconocimiento a Donald Trump por la defensa de la hispanidad. Otorgarle en su residencia de Mar-A-Lago un reconocimiento a un fascista que persigue niños de cinco años por su color de piel o que deporta a hispanoparlantes por el simple hecho de serlo, es doloroso para quienes hablamos la lengua de Cervantes.
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