Un visitador médico de Galicia, con premios por productividad y un sueldo de casi 5.000 euros al mes, fue despedido tras la decisión de su empresa de ponerle un detective privado que le controlase. Este le acusó de trabajar apenas 90 minutos al día cuando decía que hacía mucho más. Pero la justicia ha tomado una decisión que contradice radicalmente el criterio seguido por la empresa.
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