Era de madrugada, había público y el desplome del cuerpo principal de la falla provocó llanto y desolación generalizada. Sin embargo, aunque se trataba de una escena muy reconocible, ninguno de los espectadores asistía entonces a la emocionante cremà sino a la caída del inmenso ninot que presidía uno de los monumentos que siempre aspira al primer premio de la Sección Especial de Cullera, el del Raval de Sant Agustí. Como si de repente...
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