Hace unos años era impensable que un habitante del universo ventanero se convirtiese automáticamente al Mac por mera inquietud, y desde luego, en las –escasas– ocasiones en las que sucedía, éste dejaba bien claro el hecho de que era una persona con criterio, capaz de sortear el Rubicón en pos de sus ideales para no volver jamás, y jamás significa hasta hoy y más allá.
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