Aprovechando la quietud de nuestro sueño, las hembras de Enterobius migran desde el intestino grueso hasta el ano, para depositar sus huevos rodeados de una sustancia irritante. Los seres humanos somos de los pocos animales con la capacidad de llegar a rascarnos todas las partes de nuestro cuerpo y, así, los huevos de este nematodo parásito habrán pasado a nuestras manos. Estas,los dispersarán por nuestro ambiente más cercano: sábanas, pomos de las puertas y otros utensilios cotidianos se convertirán en potenciales superficies contaminadas.