"Se oye un ruido seco –¡bang!– y, antes de que le dé tiempo a reaccionar, el soldado está en el suelo. Cae a plomo. Derrumbado por el tiro ante sus propios compañeros, que, nerviosos, apuntan con sus rifles de asalto a todo lo que se mueve. Nada. El fantasma ha desaparecido. Se ha cobrado una nueva víctima y se ha fundido entre la población (...) El nombre que temen y del que no conocen el rostro las tropas destacadas en Irak es Juba"