Cuando Daniel y Celia decidieron dejar Euskadi atrás, no sabían exactamente qué les deparaba el futuro en Alemania, pero sí tenían claro lo que querían dejar atrás: la incertidumbre laboral y los altos precios de la vivienda. Hoy, varios años después, no se arrepienten de su decisión. A la mejora económica se suman las atractivas ayudas sociales que ofrece el sistema alemán. Celia, por ejemplo, recibe 255 euros al mes por cada uno de sus hijos, una cantidad fija que no depende de sus ingresos y que puede utilizar libremente.
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