Como para muchos otros early millennials, Podemos fue un soplo de aire fresco. Eran contracultura, hablaban nuestro idioma, decían querer dinamitar el sistema y darle la vuelta al país. Si en algo estaba de acuerdo todo el mundo, incluidos sus objetores, era en la altura intelectual de sus dirigentes. Pero de ese fuego solo quedan los escombros. Hoy, los mismos millennials, peinando canas, observamos con morbosa fascinación cómo el Principio de Peter ha conseguido de forma implacable lo que ni …