En otro pueblo de Cantabria también los he sufrido.
Un grupo numeroso de personas se ha venido justo al lugar donde me alojaba porque estaba algo más apartado.
Han soltado un petardal y cohetería de 20 minutos y han dejado todo hecho un asco.
Entiendo que la policía municipal no quiera poner orden a esa hora precisamente ese día, pero deberían.
Lo peor es que la generación de nuestros padres no nos comprenden.
Ves como con su pensión viven a todo trapo con el piso pagado hace años, hacen regalos a todo el mundo, etc y aparentas que todo va bien para que no te suelten ninguno de sus sesgos.
Es lo que hay.
Trabajar ya no ilusiona a nadie.
Puede que haga falta darle una vuelta de tuerca a todo lo relativo al entorno laboral con salarios dignos donde los accionistas no se lleven un alto porcentaje de los beneficios y empezar a tratar con respeto a los trabajadores que dejan de lado su familia para acudir a su puesto donde en ocasiones se les pide dar más de lo que reciben a cambio y aguantar al mando intermedio de turno.
En la pasada cena de nochevieja, mi sobrino de 15 años estaba totalmente a merced de su teléfono y su Instagram.
Le quise mostrar un vídeo gracioso que duraba 2 minutos y era incapaz de mantener la concentración.
El uso del móvil ha hecho mucho daño a cerebros en desarrollo y ni nos hemos dado cuenta.
Lo peor es cuando te los encuentras por la noche, borrachos como cubas al volante de estos artilugios pensados para otro tipo de usos, no para volver al hotel desde la otra punta de la ciudad.
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