Kill Bill no es más que un refrito de la producción italiano-francesa llamada "La novia vestía de negro". Las escenas de "Los odiosos ocho" recordandote a cada rato a la película de John Carpenter "La Cosa" eran demasiadas. Jamás entendí el revuelo mediático que causaba este director, las referencias de cierta prensa eran asqueantes con frases estilo "esto es digno de Tarantino", "al estilo Tarantino". Yo quedaba en shock porque este tipo para mí siempre ha sido absolutamente promedio hasta que todas las piezas me empezaron a encajar cuando supe de su apoyo Israel y el tener vínculos con judíos poderosos. Que reservoir dogs, que pulp fiction, sí, pero ya desde sus estrenos han pasado más de treinta años y para alguien vigente ha pasado mucho tiempo para seguir poniéndolas de ejemplo.
Solo la compré una vez y fue porque en la portada aparecía la modelo Esther Cañadas, la cual me gustaba mucho. Yo era muy niño y en el local donde la compré vendían libros y revistas, pero de segunda mano. La revista estaba ubicada en una muralla alta, lejos del alcance de la mano. Cuando se la pedí a la dependienta, pensé que no me la iba a vender, pero cuál fue mi sorpresa al ver que sí me la vendió. Ella tuvo que traer una especie de palo gigante para sacarla del gancho donde estaba y se le cayó al suelo; después me la entregó. Sucedió que, poco después de haberla comprado, esta modelo envejeció repentinamente varias decenas de años y se veía muy mal, como si la hubiesen sacado del Shangri-La, por lo que no entendía nada. Después me arrepentí de haberla comprado.
De eso ya me venía dando cuenta, pero en el caso de los profesores en las escuelas. Sobre todo, en los que no ponían orden en la clase y se trataban de hacer amigos o condescendientes con los alumnos populares. Siempre me pareció tan estúpida esa moda surgida en Estados Unidos, a mediados de los ochenta, de que los padres tenían que hacerse amigos de sus hijos. Me decía a mí mismo, esto no terminará nada bien.
La masacre de Kantō fue un asesinato en masa que el ejército, la policía y los vigilantes japoneses cometieron contra los residentes coreanos de la región de Kantō, Japón, inmediatamente después del gran terremoto de 1923. La masacre también se conoce como la Masacre de los coreanos en 1923.
La masacre ocurrió durante un período de tres semanas a partir del 1 de septiembre de 1923, el día en que un terremoto masivo azotó la región de Kantō. Durante este período, los soldados del ejército imperial japonés, la policía y los vigilantes asesinaron a unos 6.000 coreanos y socialistas japoneses.
Los ciudadanos japoneses se organizaron en bandas de vigilantes y llevaron a cabo investigaciones sobre las personas, y si se descubría que las personas a las que interrogaban eran coreanas o chinas, las asesinaban brutalmente. Los vigilantes estaban armados con lanzas de bambú, palos, espadas japonesas, y algunos de ellos estaban armados con armas de fuego. Las personas que vestían ropa coreana o china fueron asesinadas de inmediato, junto con miembros de grupos minoritarios como los Ryukyu, cuyos dialectos hablados eran difíciles de entender para otros japoneses y extranjeros. Coreanos, chinos y Ryukyu vestían ropa japonesa para ocultar sus identidades. También trataron de pronunciar correctamente términos como "十五円" y "五十銭" (15 yenes y 50 jeon), que consistían en pronunciaciones largas, pero sus intentos de pronunciarlos correctamente fallaron. Durante ese tiempo, no solo los coreanos sino también los chinos, los Ryukyu y los extranjeros se vieron obligados a llamarse a sí mismos coreanos. Como resultado, los periodistas extranjeros que llegaron a Tokio fueron confundidos con coreanos y asesinados debido a las diferencias en sus pronunciaciones. Algunos coreanos buscaron seguridad en las estaciones de policía para escapar de la masacre, pero en algunas áreas los vigilantes irrumpieron en las estaciones de policía y los sacaron. La llegada de extranjeros y otras personas a Tokio significó la muerte. Según los informes, la policía documentó los asesinatos o los respondió pasivamente. Por el contrario, algunos miembros de grupos criminales, como los Yakuza, que aceptaron a los coreanos como miembros del gobierno coreano, ocultaron a los coreanos. Junto con la masacre de los coreanos, los activistas fueron masacrados simultáneamente, principalmente izquierdistas, que fueron registrados en los archivos policiales como socialistas, anarquistas, activistas de derechos humanos y activistas antigubernamentales.