Esther dormía en las calles de Lagos cuando una mujer se le acercó con la promesa de hacerla salir de de Nigeria y conseguirle trabajo y un hogar en Europa. Esther soñaba con una nueva vida en Reino Unido. Tras ser expulsada de un hogar de acogida, violento y abusivo, ya no tenía motivos para quedarse en Lagos. Pero cuando dejó el país en 2016, mientras cruzaba el desierto hacia Libia, todavía ni imaginaba el traumático viaje que le esperaba, obligada a ejercer la prostitución y a presentar solicitudes de asilo durante años en diferentes países
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