En mis años mozos veneré a Fripp como si se tratara de Buda. Sus credenciales con King Crimson eran suficientes para confiar en sus obras discográficas. Era estímulo a mis oídos y una opción a ciegas que casi siempre gozaba de mi aceptación. Sus andanzas con Eno, Bowie, Gabriel, Hammill y la crema y nata de la vanguardia eran, un tiro al piso. No obstante, mi primera impresión sobre este disco me dejaba con una reflexión digna de un incipiente melómano.
|
etiquetas: the league of gentlemen , robert fripp , música