El pleno empleo es una promesa que hace tiempo se dejó de escribir en presente. El trabajo ya no garantiza seguridad. Ni independencia. Ni siquiera existencia. Pero los discursos políticos siguen, en su gran mayoría, atados a esa ficción. Si trabajas, vales. Si no, demuéstranos que lo intentaste lo suficiente, pedazo de vago. Y mientras tanto, quienes no encajan en la lógica productivista son empujados a justificar su vida como si fuera un error administrativo.
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