La estrepitosa derrota del presidente taiwanés, Chen Shui-Bian, en las elecciones legislativas del sábado puso en evidencia el rechazo de los electores a sus anhelos independentistas y a los escándalos de corrupción que salpicaron a su familia y al Gobierno, según los analistas políticos. El principal partido de la oposición, el Kuomintang (KMT), una formación nacionalista favorable a un acercamiento con China, logró dos tercios de los escaños del nuevo parlamento. Conclusión: No es bueno gobernar de espaldas al pueblo, ni ser un corrupto.
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