La conductora de un taxi requirió la presencia de la policía, asegurando que «tenía problemas con una clienta». Varios agentes se personaron a los pocos minutos y lograron que Berta G. B. se bajase del taxi que en un principio se negaba a abandonar. La sorpresa fue mayúscula cuando la mujer salió del vehículo e inmediatamente se introdujo en el coche patrulla en el que habían llegado los agentes y que se encontraba estacionado justo al lado. La mujer pretendía que fuesen los propios policías los que la llevasen en coche hasta su domicilio.
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