En apenas unos días, los ataques y contraataques en Irán han pasado de ser un conflicto regional más a un auténtico terremoto energético. El Estrecho de Ormuz, la arteria por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo y un 20% del gas mundial, se ha convertido en un cuello de botella casi paralizado por la guerra y las amenazas a los petroleros. "Hay tres elementos fundamentales que pueden explicar la situación a la que hemos llegado, de gran incertidumbre", comienza Óscar Barrero, socio responsable de Energía y Utilities en PwC.
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