Cuando Anna planeaba su primer viaje a Xinjiang en 2015, sus amigos estaban perplejos. "No entendían por qué quería visitar un lugar que por aquel entonces se consideraba una de las zonas más peligrosas de China", recuerda. Una de sus amigas canceló el viaje y dejó de responderle en WeChat, cuenta la joven china de 35 años, que prefirió no revelar su nombre real. "Dijo que sus padres le prohibían acercarse a Xinjiang y que no quería saber nada más del tema", continúa. Anna fue de todas formas y regresó nuevamente en junio de este año.
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