A diferencia de España el sonido, mucho más grave y sordo, es aguantable. Está práctica de pitar a cada momento va íntimamente ligada al alto grado de anarquismo con el que se conduce en la ciudad. El deporte consiste básicamente en ir buscando el hueco libre de un carril a otro para avanzar entre el atasco, sorteando coches, carritos de vendedores ambulantes, personas y algún que otro animal. Igual que el claxon es imprescindible los intermitentes y los retrovisores están tan obsoletos que ni los ancianos del lugar recuerdan para qué sirven.
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