La Iglesia parecía haber estado ausente en los debates torales durante la democracia; muchos la evaluaban como un cuerpo decadente con una estructura organizativa debilitada y de escasa notoriedad. Uno de los saldos de la confrontación con el gobierno es el tener nuevos bríos protagónicos y hasta un espíritu de martirio y persecución. Ahora, abiertamente recomiendan a los católicos votar por el programa del PP y apoya la injerencia del Vaticano. Por su parte, el PSOE apuesta por el voto radical y el de los temerosos del ascenso neoconservador
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