El proyecto, impulsado por el ex intendente Guillermo Montenegro, cosechó denuncias de sobrevivientes a la última dictadura. Historias de dolor en la ex Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina. “Nadie pondría un café en Auschwitz”, advierten los denunciantes. “Allí pasé las dos o tres peores semanas de mi vida”, dice Alberto Pellegrini a los sesenta y nueve años y a casi cincuenta de su detención ilegal. “Las golpizas eran terribles. Un militar violó a una mujer al lado mío”, dice Pablo Mancini que tiene setenta y dos.
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