Pocos placeres hay mayores en la vida que lograr que una antigua fantasía se vuelva realidad. Concretar un viaje soñado durante largos años puede ser uno de estos casos. Llevar a cabo, finalmente, aquella travesía con la que empezamos a fantasear una noche cualquiera, tras cerrar las páginas de un buen libro, al ver una película o recorriendo al azar las páginas de una revista.
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